Las historias de Lucía Berlin

La lectura de Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlin se hizo difícil pero enganchó a quienes superaron las primeras páginas.

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Las narraciones que conforman el libro son duras y cercanas, pero están plagadas de situaciones extravagantes en las que el alcohol, las drogas, y las relaciones de pareja conflictivas son protagonistas. A veces descarnadas, a veces tiernas y entrañables, son historias de fracaso y también de superación que rezuman humanidad y en ocasiones humor, y en las que se observan tintes claramente autobiográficos. Tal es así que muchas de nosotras sentimos a la autora como protagonista y personaje de muchos de los relatos.

La forma de escribir de Berlin es muy sobria, árida en ocasiones, con una estructura sencilla, muy semejante a la de Ramón J. Sender, de quien fue alumna en la Universidad de Nuevo México durante el exilio del escritor español en los años 50 del siglo pasado. Esa quizás sea la razón del conocimiento de la cultura española que se percibe en la obra.

Llama la atención el título: Manual para mujeres de la limpieza, toda una provocación  que incita a la lectura. Aunque sorprende que no haya sido Lucía Berlin quien lo haya elegido, sino que sea el título bajo el que se recopilaron y publicaron los cuentos que conforman el libro muchos años después de su muerte. Unos relatos creados a lo largo de su vida, que más que historias son momentos en los que esta se ha parado y frente a los que ha puesto una lente para poder observarlos en detalle y contarlos “a su manera”. De ahí la sensación de lectura fragmentada que muchas de nosotras experimentamos con esta obra.

¡Hasta la próxima lectura!

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Algo más que una novela negra

Susana, participante online de este club a través de Skype (¡vivan las nuevas tecnologías!), ha querido hacer la entrada en el blog de nuestra última reunión. Residente en Barcelona desde hace muchos años, ha disfrutado especialmente esta novela cuya acción se desarrolla en esa ciudad.

Estas son sus palabras.

El mes en el que se celebra el día de la mujer trabajadora hemos leído y comentado Don de lenguas, una novela escrita por dos mujeres: Rosa Ribas y Sabine Hofmann.

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La obra está catalogada como novela negra, pero es también una novela con un fuerte contenido social ya que tiene como escenario la ciudad de Barcelona en plena postguerra, en concreto en el año 1952. Una Barcelona en la que en ese momento habitan fundamentalmente dos clases sociales: la alta burguesía, tan adicta al régimen que hablar solo castellano se considera una seña de identidad, y las clases populares que vivían con muchísimas estrecheces económicas y con mucho miedo: miedo a la brutalidad policial, miedo a la corrupción, miedo a no ser visto como persona decente, miedo a perder el trabajo, miedo… a tantas cosas.

Tres son los principales protagonistas : Ana Martí, periodista e hija de un represaliado político, Beatriz Noguer, filóloga, grafóloga y contraria al régimen, e Isidro Castro, un hosco policía de doloroso pasado. Los tres, por motivos distintos, se proponen resolver un hecho que conmociona a la ciudad y a las altas esferas, el asesinato de Mariona Sobrerroca, viuda del más famoso médico de Barcelona.

Don de lenguas se lee bien, lentamente al principio, cogiendo ritmo según se avanza en la lectura, y al final no la puedes dejar. Ha habido unanimidad en este punto y también en la valoración de lo bien documentada que está y en lo fácil que resulta meterse en ella, especialmente para quien haya nacido, vivido o conozca bien Barcelona. Igualmente se ha comentado que llama la atención las buenas descripciones de algunas de las malas prácticas del momento como el estraperlo, la adulteración de productos básicos como leche, carne o medicamentos, la corrupción tan extendida en los centros del poder o la existencia de matones al servicio de algunos sindicatos. Todo ello ocurría sin duda en Barcelona, pero también en otros lugares de España, y por eso se han compartido bastantes recuerdos de esos años, recuerdos propios o escuchados, pero todos muy interesantes.

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En cuanto a las autoras, se ha explicado que son dos mujeres de casi la misma edad pero de distinta nacionalidad: Rosa es española nacida en Barcelona y Sabine alemana nacida en Bochum . Se conocieron en la universidad de Frankfurt donde trabajaban y ambas han escrito conjuntamente las tres novelas que conforman una triologia de la Barcelona de los años 50: Don de lenguas que se desarrolla en el año 1952, El gran frío en 1956 y Azul marino en 1959. Esta que hemos leído es pues al primera.

Rosa y Sabine explican en algunas entrevistas que han podido escribir conjuntamente estas tres novelas gracias a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y también a que asistieron varias veces al Centro Gallego de Frankfurt donde se reunían con los emigrantes españoles procedentes de diversos lugares de España, que en su viaje hacia Alemania en busca de trabajo, recalaban más o menos tiempo en Barcelona. Ellos pudieron llegar a conocer bien la Ciudad Vieja y el Barrio Chino con sus burdeles, garitos y fondas de mala muerte, además del hambre y el desespero. Sus relatos fueron una buena fuente de inspiración.

Entre dulces y cafés siguió animoso el debate enriquecido como siempre con las aportaciones de Leticia, y terminó la reunión deseándonos unas a otras una buena Semana Santa.

Don de lenguas, una novela escrita a cuatro manos

y es que Rosa Ribas y Sabine Hofmann publican en 2013 esta novela negra que es también un magnífico reflejo histórico de la Barcelona de los años 50. La debatiremos el próximo

Jueves 22 de marzo, a las 18:00

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Así empieza

Allí estaba Mariona. Blanca, rubia, carnosa y muerta.

Como un hurón enjaulado, Abel Mendoza iba de un lado a otro del monstruoso escritorio levantando pequeñas nubes de polvo al revolver pilas de papeles que no habían sido tocados desde hacía meses. Se volvió hacia los estantes llenos de libros de medicina. Las manos parecían haber cobrado vida propia y se movían enajenadas sacando libros, recogiendo algunos de los caídos al suelo, cerrando los cajones abiertos y abriendo los cerrados.

Finalmente encontró lo que buscaba.

 

Svetlana y la guerra en nuestra próxima tertulia

Nuestra próxima lectura será La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, reciente Premio Nobel de Literatura, distinguida por la academia sueca por “su obra polifónica, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo”.

 

 

Os dejamos algunos enlaces de la noticia para conocer más a esta autora y su obra.

Nos vemos para comentarla el próximo

jueves día 22 de febrero a las 18:00 h.

En busca de New Babylon, un western muy especial

Desde su casa en Barcelona, Susana ha creado esta entrada en la que no podría haberse recogido mejor lo ocurrido durante la sesión ¿qué opináis?

En la reunión del pasado día 18 de enero comentamos “En busca de New Babylon” de Dominique Scali. Esta novela nos había sido presentada en la anterior sesión como perteneciente al género del western, lo que nos dejó un tanto sorprendidas. ¿Un western? nos preguntamos, y es que seguramente  a más de una nos vino en ese momento a la mente imágenes del cine y descripciones de las novelas en las que el Viejo Oeste responde a una serie de clichés:  territorios inexplorados, colonos viviendo bajo el temor a un ataque de los indios, ciudades sin ley, bandidos y un valiente sheriff dispuesto a defender el orden. Pero la sorpresa inicial se volvió curiosidad cuando se nos dijo que New Babylon, aún perteneciendo a este género, nos ofrecería una historia distinta, inesperada y muy particular.

La trama de la novela sitúa el escenario en 1881 y se desarrolla a través de cuatro protagonistas: un reverendo al que le han cortado ambas manos, un boxeador pirómano en constante huida, una joven que busca un marido ideal y un criminal que sueña con fundar una ciudad a la que quiere llamar New Babylon. Cuatro personajes tan desdichados como libres cuyas vidas, intensas y desgarradas, se van entrelazando a lo largo de la obra. Es a través de la narración de sus historias que Scali nos da su particular visión del Lejano Oeste, y lo hace mostrándonos un mundo sin concesiones ni a los paisajes ni a los personajes y donde no hay tampoco héroes, solo espacios desolados, ciudades decadentes y gentes que persiguen sueños que no lograrán alcanzar.

Sioux
Sioux (1830)

La autora, Dominique Scali, es una escritora joven nacida en Montreal (Canada), que con solo 30 años escribió ésta su primera obra por la que ha recibido varios premios, entre ellos el Premio Chambéry que se otorga a la mejor ópera prima. En las numerosas entrevistas que le han hecho, a menudo le han preguntado sobre el motivo de situar como escenario de su novela los pueblos del Sur de los Estados Unidos en siglo XIX, a lo que responde que para su generación los western han tenido un papel importante en la educación y en la forma de entender la vida.

La sesión de este jueves, bien surtida de ricos pasteles como se acostumbra, transcurrió muy animada. La participación fue constante y hubo casi unanimidad en cuanto a la valoración. La novela gustó y gustó mucho y por motivos varios: porque está muy bien escrita, porque dibuja bien los paisajes y el ambiente de las ciudades y porque posee una gran capacidad para recrear los caracteres. Se comentó especialmente la minuciosidad con que describe las tabernas, los burdeles, los ropajes, las armas y demás elementos típicos, tanto que parece cuando lo lees que lo estás viendo.

Una estupenda novedad fue contar con la presencia del editor Daniel Álvarez Prendes, que intervino en la reunión aportándonos información sobre la vida y obras de la autora y algunas anécdotas más. Para cerrar nos explicó también la andadura de Hoja de Lata, su pequeña pero muy activa editorial asturiana, que cuenta con un catálogo muy cuidado de libros de gran calidad literaria.

Sin duda su entusiasmo y amabilidad nos enriqueció la tarde.

Susana

Delicioso encuentro con Paasilinna

Arto Paasilinna nunca deja indiferente. Y es que hay lectores a quienes nos encantan sus obras, y hay quien no pueden con ellas.

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En esta ocasión leímos una de sus novelas más famosas, Delicioso suicidio en grupo, que habla de un tema casi tabú, pero abordado desde un punto de vista aparentemente frívolo. Y es que, desde el primer encuentro de dos de los protagonistas, que coinciden en suicidarse en el mismo sitio y a la misma hora sin conocerse previamente, toda la historia es un disparate, un absurdo que permite, por otra parte, la reflexión tranquila sobre el tema, “sin dramas”. Más aún si cabe, cuando la idea que se va fraguando a lo largo de toda la novela es la de organizar un suicidio en grupo. Y esto choca, y mucho, pero el humor lo permite.

Es una obra fácil de leer, entretenida, dinámica, “deliciosa” incluso; pero también previsible,  desconcertante e indiscutiblemente nórdica.

Refleja la sociedad finlandesa actual, teñida por la tristeza que conlleva la soledad y desilusión de muchos de sus paisanos, pero también puede ser la nuestra: una sociedad que percibimos cada vez más individualista, más aislada… Aún así, Paasilinna es optimista: todo, incluso las situaciones más desesperadas, puede tener solución, y así lo deja ver en su obra. La novela es, sin lugar a dudas, un canto a la esperanza en la que muchos de sus personajes logran subirse al autobús de la vida.

Una tarde en la que “no paró de llover”

El encuentro con Laura Castañón, la autora de La noche que no paró de llover, fue una delicia, no solo por la tarta de chocolate, el bizcocho, los bombones y demás exquisiteces que se pusieron encima de la mesa para acompañar la charla, sino porque Laura siempre consigue crear un ambiente realmente agradable que invita a la conversación.

Esa tarde pudimos estar casi todo el grupo, y aprovechamos para preguntarle muchas cosas, no solo sobre la obra sino también sobre el proceso de creación.

Laura nos contó que tardó algo más de dos años en escribir la novela, aunque durante ese tiempo tuvo algunos parones; y que la obra fue fruto del insomnio y sus efectos perniciosos. La reflexión sobre un detalle una madrugada fue el germen de todo, a partir del cual surgió la historia. Posteriormente vino un trabajo de documentación sobre las circunstancias generales de la época en la que iba a situar a sus personajes, que se completó con otras investigaciones puntuales a medida que escribía. Y nos surgió la pregunta: “¿Sueñas con la novela y sus personajes mientras la escribes? No sueñas -nos comentó- vives con ella, forma parte de tu vida”.

Del estilo de la novela, le dijimos, nos llamaron mucho la atención los tachones del diario de Emma, que creemos que aportan frescura a la narración, junto a esas frases largas, a veces muy largas, propias de este personaje.

La historia se construye a partir de varias voces que se van alternando en cada capítulo, y le preguntamos si esa forma de escribir le resultaba fácil o por el contrario había supuesto un reto para ella. Laura nos comentó que este estilo de escritura le gustaba y le era más cómodo que otros en los que la narración proviene de un solo punto de vista.

Con respecto a los personajes, no cabe duda de que La noche que no paró de llover es una novela de mujeres y para mujeres, aunque parece que esa no fue su primera intención. Que los protagonistas principales sean femeninos es fruto de la historia que quería contar. En la novela se narran vidas reales de mujeres reales con problemas reales: las protagonistas son cuidadoras, madres, parejas… que han pasado momentos muy duros y también mucho dolor. Son tan reales que algunas de nosotras le pusimos cara a Valeria y llegamos a identificarla con algún habitante de nuestra ciudad.

Valeria es un personaje muy interesante, con muchos matices. Al inicio de la novela resulta odioso. Es dura, orgullosa, clasista, estricta, sin debilidades, pero a medida que avanza la novela sufrimos un proceso de empatía hacia ella, pues vamos comprendiendo las razones que la han hecho ser así.

Como contrapunto, Emma, es la más amable, la más fresca de las figuras femeninas, la que aporta oxígeno a la historia; mientras que Laia, su pareja, aparece deliberadamente oscura. Es un personaje que escucha más que habla. Entre ambas se ha establecido una relación desigual y es Emma la que la mantiene con su transparencia y cordura, y su capacidad de entrega absoluta.

Son muchos los temas que se tratan en la novela: la felicidad o ausencia de ella, encarnada en el personaje de Feli, la homosexualidad, las drogas, el amor, la dependencia emocional…, pero el mal es sin duda el tema principal. Aparece de distintas formas, y es el que provoca la culpa que arrastran los personajes. Hay un mal consciente, intencionado, el que motiva la muerte de Onel; un mal ficticio que se que cree haber producido, el relacionado con el sobrino de Valeria, y un mal inconsciente, el sufrido por el padre de Feli, que ni siquiera es conocido por quien lo provocó. La obra es una reflexión sobre esos males, pero también sobre la culpa y el perdón, que viene de la mano del amor, un sentimiento que en ocasiones provoca dependencias emocionales.

Otros temas interesantes son la música, siempre presente; los sueños, que parecen tener un hilo conductor si se leen seguidos, y Gijón. La ciudad es protagonista indiscutible de la obra: sus calles, sus edificios, sus negocios son reconocibles por quienes vivimos en ella, incluso muchos de los personajes secundarios son personas reales cercanas a la autora.

Y con ello llegamos al final de la tarde y del encuentro. Y le pedimos a Laura que posara con nosotros para una foto de grupo, en la que también estuvo Susana desde Barcelona, cómo no, a través de Skipe.

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Ahora ya solo nos queda hacer una ruta por Gijón siguiendo La noche que no paró de llover. 

Nos vemos en La Plazuela.