Camelias y Andrés Solar para despedir la temporada

Como siempre, quisimos terminar la temporada a lo grande, para comenzar el verano con buen sabor de boca. Y creo que lo conseguimos.

Comenzamos la mañana con una visita guiada por el Jardín Botánico Atlántico de Gijón, de la mano de Isabel, que nos contó un montón de cosas interesantes sobre plantas, frutos y avispas. ¡Cuidado con el avispón asiático!

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Luego nos fuimos con Miguel Ángel a plantar y amadrinar una camelia japónica a la que llamamos -no podía ser de otro modo- CLABICA, acrónimo que nos identifica (Club de lectura de Adultos de la Biblioteca de La Camocha) y que suena muy “japónico”, jajaja. Gracias, Miguel, por todas tus explicaciones, y por tener preparado ya el hoyo. Nos facilitó mucho la tarea.

El estilo y la elegancia durante la plantación queda plenamente recogido en las fotografías tomadas durante el acto.

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Aquí está el equipo de jardinería al completo.

Después de tanto esfuerzo tocaba “vermú literario” durante el que repartimos los marcapáginas que Koli y Mónica y el grupo scrapbook y mix-media nos regalaron para todos los miembros del club de lectura. Muchas gracias, son preciosos.

Comimos en Casa Yoli, en Deva. ¡Todo riquíííísimoooooo!

Y terminamos la jornada con una ruta literaria por Deva siguiendo los pasos de Andrés Solar, escritor asturiano de los 80 y una de las figuras clave del “surdimientu”.

Una jornada estupenda en buena compañía.

¡Feliz verano!

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Las historias de Lucía Berlin

La lectura de Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlin se hizo difícil pero enganchó a quienes superaron las primeras páginas.

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Las narraciones que conforman el libro son duras y cercanas, pero están plagadas de situaciones extravagantes en las que el alcohol, las drogas, y las relaciones de pareja conflictivas son protagonistas. A veces descarnadas, a veces tiernas y entrañables, son historias de fracaso y también de superación que rezuman humanidad y en ocasiones humor, y en las que se observan tintes claramente autobiográficos. Tal es así que muchas de nosotras sentimos a la autora como protagonista y personaje de muchos de los relatos.

La forma de escribir de Berlin es muy sobria, árida en ocasiones, con una estructura sencilla, muy semejante a la de Ramón J. Sender, de quien fue alumna en la Universidad de Nuevo México durante el exilio del escritor español en los años 50 del siglo pasado. Esa quizás sea la razón del conocimiento de la cultura española que se percibe en la obra.

Llama la atención el título: Manual para mujeres de la limpieza, toda una provocación  que incita a la lectura. Aunque sorprende que no haya sido Lucía Berlin quien lo haya elegido, sino que sea el título bajo el que se recopilaron y publicaron los cuentos que conforman el libro muchos años después de su muerte. Unos relatos creados a lo largo de su vida, que más que historias son momentos en los que esta se ha parado y frente a los que ha puesto una lente para poder observarlos en detalle y contarlos “a su manera”. De ahí la sensación de lectura fragmentada que muchas de nosotras experimentamos con esta obra.

¡Hasta la próxima lectura!

Algo más que una novela negra

Susana, participante online de este club a través de Skype (¡vivan las nuevas tecnologías!), ha querido hacer la entrada en el blog de nuestra última reunión. Residente en Barcelona desde hace muchos años, ha disfrutado especialmente esta novela cuya acción se desarrolla en esa ciudad.

Estas son sus palabras.

El mes en el que se celebra el día de la mujer trabajadora hemos leído y comentado Don de lenguas, una novela escrita por dos mujeres: Rosa Ribas y Sabine Hofmann.

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La obra está catalogada como novela negra, pero es también una novela con un fuerte contenido social ya que tiene como escenario la ciudad de Barcelona en plena postguerra, en concreto en el año 1952. Una Barcelona en la que en ese momento habitan fundamentalmente dos clases sociales: la alta burguesía, tan adicta al régimen que hablar solo castellano se considera una seña de identidad, y las clases populares que vivían con muchísimas estrecheces económicas y con mucho miedo: miedo a la brutalidad policial, miedo a la corrupción, miedo a no ser visto como persona decente, miedo a perder el trabajo, miedo… a tantas cosas.

Tres son los principales protagonistas : Ana Martí, periodista e hija de un represaliado político, Beatriz Noguer, filóloga, grafóloga y contraria al régimen, e Isidro Castro, un hosco policía de doloroso pasado. Los tres, por motivos distintos, se proponen resolver un hecho que conmociona a la ciudad y a las altas esferas, el asesinato de Mariona Sobrerroca, viuda del más famoso médico de Barcelona.

Don de lenguas se lee bien, lentamente al principio, cogiendo ritmo según se avanza en la lectura, y al final no la puedes dejar. Ha habido unanimidad en este punto y también en la valoración de lo bien documentada que está y en lo fácil que resulta meterse en ella, especialmente para quien haya nacido, vivido o conozca bien Barcelona. Igualmente se ha comentado que llama la atención las buenas descripciones de algunas de las malas prácticas del momento como el estraperlo, la adulteración de productos básicos como leche, carne o medicamentos, la corrupción tan extendida en los centros del poder o la existencia de matones al servicio de algunos sindicatos. Todo ello ocurría sin duda en Barcelona, pero también en otros lugares de España, y por eso se han compartido bastantes recuerdos de esos años, recuerdos propios o escuchados, pero todos muy interesantes.

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En cuanto a las autoras, se ha explicado que son dos mujeres de casi la misma edad pero de distinta nacionalidad: Rosa es española nacida en Barcelona y Sabine alemana nacida en Bochum . Se conocieron en la universidad de Frankfurt donde trabajaban y ambas han escrito conjuntamente las tres novelas que conforman una triologia de la Barcelona de los años 50: Don de lenguas que se desarrolla en el año 1952, El gran frío en 1956 y Azul marino en 1959. Esta que hemos leído es pues al primera.

Rosa y Sabine explican en algunas entrevistas que han podido escribir conjuntamente estas tres novelas gracias a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y también a que asistieron varias veces al Centro Gallego de Frankfurt donde se reunían con los emigrantes españoles procedentes de diversos lugares de España, que en su viaje hacia Alemania en busca de trabajo, recalaban más o menos tiempo en Barcelona. Ellos pudieron llegar a conocer bien la Ciudad Vieja y el Barrio Chino con sus burdeles, garitos y fondas de mala muerte, además del hambre y el desespero. Sus relatos fueron una buena fuente de inspiración.

Entre dulces y cafés siguió animoso el debate enriquecido como siempre con las aportaciones de Leticia, y terminó la reunión deseándonos unas a otras una buena Semana Santa.

Delicioso encuentro con Paasilinna

Arto Paasilinna nunca deja indiferente. Y es que hay lectores a quienes nos encantan sus obras, y hay quien no pueden con ellas.

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En esta ocasión leímos una de sus novelas más famosas, Delicioso suicidio en grupo, que habla de un tema casi tabú, pero abordado desde un punto de vista aparentemente frívolo. Y es que, desde el primer encuentro de dos de los protagonistas, que coinciden en suicidarse en el mismo sitio y a la misma hora sin conocerse previamente, toda la historia es un disparate, un absurdo que permite, por otra parte, la reflexión tranquila sobre el tema, “sin dramas”. Más aún si cabe, cuando la idea que se va fraguando a lo largo de toda la novela es la de organizar un suicidio en grupo. Y esto choca, y mucho, pero el humor lo permite.

Es una obra fácil de leer, entretenida, dinámica, “deliciosa” incluso; pero también previsible,  desconcertante e indiscutiblemente nórdica.

Refleja la sociedad finlandesa actual, teñida por la tristeza que conlleva la soledad y desilusión de muchos de sus paisanos, pero también puede ser la nuestra: una sociedad que percibimos cada vez más individualista, más aislada… Aún así, Paasilinna es optimista: todo, incluso las situaciones más desesperadas, puede tener solución, y así lo deja ver en su obra. La novela es, sin lugar a dudas, un canto a la esperanza en la que muchos de sus personajes logran subirse al autobús de la vida.

Con Alejandro Palomas

El pasado 11 de diciembre estuvimos en el CCAI. El acto nos reunió con el autor de Una madre, una novela que recientemente leímos en “Con aroma a café” y el encuentro fue realmente interesante. Dirigido a los participantes de los clubes de lectura de la Red Municipal de Bibliotecas, también estaba abierto a otros interesados que quisieron acercarse a conocer al escritor así que la sala estaba llena. Durante más de dos horas habló de su obra, de cómo creaba, de su infancia, de su madre, de sus experiencias con el público…De fondo la historia de Amalia, una madre que por fin, a sus 65 años, conseguía reunir a toda su familia para cenar en Nochevieja y protagonista de una novela pequeña que se hizo grande, enorme, gracias al favor de un público que la aupó a las listas de los más vendidos en semanas.

 

La soledad de Auster

Lectura: La invención de la soledad de Paul Auster

En esta ocasión nuestra reunión estuvo presidida por un nuevo miembro del club con el que conectamos vía Skipe. Toda una experiencia que repetiremos, sin duda.

La obra de Auster nunca deja indiferente. En este caso leímos La invención de la soledad, una novela en la que la figura patena, mejor, la ausencia de la misma, marca profundamente al protagonista.

La obra está dividida en dos partes claramente diferenciadas. La lectura de la primera nos gustó. En ella, el protagonista recuerda su vida y su infancia hasta la muerte de su padre. Un ejercicio de memoria que es en realidad un intento de entenderlo, de explicar y explicarse su comportamiento, sus ausencias, su alejamiento emocional, su forma de ser y no estar, para lo que encuentra justificación al conocer la verdad sobre la muerte de su abuelo. En ocasiones parece un ajuste de cuentas, la forma que tiene de entender a su padre y de decirle todo aquello que no pudo transmitirle en vida.

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La segunda parte, sin embargo, se hizo mucho más difícil de leer y nos trajo a la memoria la escritura caótica y automática de los surrealistas.

Se trata, sin duda, de una novela autobiográfica. Una obra honesta que no parece escrita para gustar.