Frankenstein y los límites de la ciencia

¿Hay que poner límites a la ciencia?

Esta es una de las preguntas que nos planteamos tras la lectura de Frankenstein, una novela que aunque cumpla 200 años está de plena actualidad pues toca uno de los temas mas discutidos en nuestros días: la creación de vida de forma artificial y los peligros y límites éticos y morales que ello conlleva.

El tema asusta, y asusta porque la ciencia avanza muy rápido y quizás estemos justificando el fin sin tener en cuenta los medios, o quizás sea precisamente el fin el que los justifique…

Mary Shelley tiene el atrevimiento de plantear estas cuestiones en un momento en el que la religión, tradicionalmente freno e impedimento al avance científico, sigue teniendo un peso importante frente al pensamiento crítico. Ello convierte a Frankenstein en una obra polémica y todo un revulsivo para la época. Además, se observa un paralelismo evidente entre la historia de la creación del monstruo y la historia sagrada: el creador, la criatura, la expulsión del paraíso por los actos cometidos, y la redención final ante el creador. Una historia que, por otra parte, nos trae a la memoria otras como la narrada en la película Blade Runner con sus replicantes y la novela de Rosa Montero, Lágrimas en la lluvia, ambientada en la anterior.

Por otro lado, nos preguntamos si hay autocensura en la obra. En algunos momentos la narración parece un poco naif. La autora resuelve cuestiones relacionadas con la ciencia de una forma demasiado infantil, lo que nos lleva plantearnos si lo hace porque carece de los conocimientos suficientes, o si con ello intenta sortear la censura.

Y, ¿quién es el verdadero protagonista, el creador o la criatura?

Como lectores nos sentimos más cercanos al monstruo que al científico. Empatizamos con un ser que nace puro y que sufre rechazo por lo que es, y comprendemos -o no- la razón de sus actos producto del sufrimiento que le causa el miedo y la repulsión que los demás sienten hacia él. Llega a provocarnos lástima e incluso ternura, aunque no entendamos por qué tiene que matar. Victor Frankenstein, en cambio, encarna la soberbia y el egoísmo de quien actúa con el único propósito de alcanzar la gloria sobrepasando todos los límites y poniendo en peligro a sus seres más queridos.

Muchas cosas quedan por decir de esta novela clásica pero totalmente actual. Nosotros lo hicimos mientras degustábamos unas deliciosas rosquillas caseras que nos trajo Chelo.

Así que si os apetece, nos encantaría leer vuestros comentarios.

Hasta la próxima reunión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s